Es posible que salir a caminar o correr fuera de tu casa sea más cómodo en una zona verde transitable. Pero si no tuviéramos estos espacios ¿haríamos la misma cantidad que hacemos fuera de una zona verde? Hay un estudio que ha estudiado la cuestión.

Para llevar a cabo el estudio, el equipo de investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) dependiente de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), empleó sensores portátiles y datos satelitales para relacionar los niveles de actividad de las personas con la posibilidad de caminar y la ecología de los lugares donde realizaban su actividad física.

“En concreto, se colocó una unidad GPS (que registraba una ubicación cada 15 segundos) y un acelerómetro (que registraba el movimiento y la intensidad del ejercicio físico), durante una semana, a 354 mujeres adultas trabajadoras de cuatro ciudades de Estados Unidos”, explica Oriol Marquet, investigador del ICTA-UAB y autor principal del estudio. Esto les permitió calcular su exposición individual a la “caminabilidad” y a los entornos verdes durante su participación y comprobar la relación entre la intensidad de estas exposiciones y los niveles de actividad física registrados por el acelerómetro.

Las participantes que pasaron más tiempo en lugares muy ‘caminables’ y verdes presentaron los niveles más altos de actividad física moderada e intensa. Esto podría indicar que los efectos previamente establecidos de los niveles de ‘caminabilidad’ sobre la actividad física podrían ser aún más altos cuando a estos entornos se les añade vegetación.

Estos hallazgos son importantes porque validan hipótesis existentes utilizando métodos y enfoques novedosos. “Muy pocos estudios anteriores habían utilizado dispositivos portátiles —acelerómetros, GPS— para captar las exposiciones y la actividad física de los participantes teniendo en cuenta todos sus movimientos diarios y los cambios de ubicación”, aclara. Asimismo, el uso de modelos no lineales les ha permitido observar la existencia de umbrales y niveles mínimos de exposición a la “caminabilidad” y la presencia de vegetación.

Estos datos sugieren que no existe una dicotomía entre espacios verdes y espacios “caminables”, sino que aquellos espacios que más contribuyen a la actividad física y al uso de los modos de transporte activos son, de hecho, aquellos que combinan “caminabilidad” con una alta presencia de vegetación. Este hallazgo supone un argumento más para que planificadores urbanos, arquitectos paisajistas y responsables políticos consideren la necesidad de diseñar entornos urbanos más verdes y “caminables” como herramienta para crear modelos de movilidad más sostenibles y saludables.

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