¿Alguna vez pensaste que por cambiar tu postura corporal, podrías modificar algo tan profundo como tu identidad?

Bueno, hoy te cuento cómo sucede esto, y te comparto un ejercicio al final.

Estamos en la era «cerebro céntrica»

En los últimos 10 años, aprendimos tanto sobre este órgano, que superamos todo el conocimiento previo que teníamos históricamente.

Gracias a todo este conocimiento, hay algo que hoy sabemos:

«EL CEREBRO NO ES EL ÚNICO QUE MANDA»

Tu cuerpo envía señales al cerebro todo el tiempo, emitiendo información y activando representaciones en tu mente.

Tus posturas, gestos, movimientos gruesos y finos, y expresiones fáciles, le dicen a tu cerebro QUÉ PUEDE SENTIR Y QUÉ PUEDE PENSAR.

Por ejemplo:

¿sabías que si haces un gesto de éxito (como levantar los brazos haciendo una «v» de victoria), tu mente lo traduce como un «estado de euforia»?

Por el contrario, si te inclinas hacia abajo, con hombros hundidos, y cabeza gacha, es más fácil que produzcas emociones «desactivados» como la tristeza, miedo, enojo o angustia.

PERO NADA MÁS PODEROSO QUE PASARLO POR EL CUERPO

HAGAMOS LA PRUEBA: PASO 1

Pensar en algún problema que tengas hoy, simplemente algo que no te gusta o molesta.

Inclina tu cuerpo hacia adelante, con hombros hundidos, y agárrate la cabeza con cara de preocupación.

Registra que sentís…

PASO 2:

Ahora poné tu cuerpo erguido (derecho), o incluso un poquito hacia atrás, como desperezándote estirando los brazos hacia arriba. Y con una sonrisa en tu rostro, pensar en lo mismo que te amargaba y trata de sentirte igual de mal…

¿Qué te pasó? ¿Sentiste algún cambio?

MORALEJA:

Presta atención a tu postura corporal más frecuente porque también define quien vas a ser.

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